lunes, 25 de agosto de 2014

XLIV

"...la cara linda y alegre del muchacho en el recuerdo de la sirvientita y me digo yo: ¿Qué es lo que hace linda a una cara?, ¿por qué dan tantas ganas de acariciarla a, una cara linda?, ¿por qué me dan ganas de siempre tenerla cerca a una cara linda, de acariciarla, y de darle besos?, una cara linda tiene que tener una nariz chica, pero a veces las narices grandes también tienen gracia, y los ojos grandes, o que sean ojos chicos pero que sonríen, ojitos de bueno..."

Fragmento del libro El beso de la mujer araña, de Manuel Puig.

viernes, 11 de julio de 2014

XLIII

"-Sí, pero, ¿qué me dice de los bomberos?-Ah. -Beatty se inclinó hacia adelante entre la débil neblina producida por su pipa-. ¿Qué es más fácil de explicar y más lógico? Cómo las universidades producían más corredores, saltadores, boxeadores, aviadores y nadadores, en vez de profesores, críticos, sabios y creadores, la palabra "intelectual", claro está, se convirtió en el insulto que merecía ser. Siempre se teme a lo desconocido. Sin duda, te acordarás del muchacho de tu clase que era excepcionalmente "inteligente", que recitaba la mayoría de las lecciones y daba las respuestas, en tanto que los demás permanecían como muñecos de barro, y le detestaban. ¿Y no era ese muchacho inteligente al que escogían para pegar y atormentar después de las horas de clase? Desde luego que sí. Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la Constitución, sino todos hechos iguales. Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces, todos son felices, porque no pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables. ¡Ea! Un libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del hombre que leyese mucho? ¿Yo? No lo resistiría ni un minuto. Y así, cuando, por último, las casas fueron totalmente inmunizadas contra el fuego, en el Mundo entero (la otra noche tenías razón en tus conjeturas) ya no hubo necesidad de bomberos para el antiguo trabajo. Se les dio una nueva misión, como custodios de nuestra tranquilidad de espíritu, de nuestro pequeño, comprensible y justo temor de ser inferiores. Censores oficiales, jueces y ejecutores. Eso eres tú Montag. Y eso soy yo."



Fragmento extraído del libro Farenheit 451, de Ray Bradbury

jueves, 19 de junio de 2014

XLII

 "...Ya entonces había empezado a cuestionarme la calidad de las lecciones teóricas, de todas las lecciones teóricas, empezando por la primera, y me atormentaba la sospecha de que el amor y el sexo no podían coexistir como dos cosas completamente distintas, me convencí a mí misma de que el amor tenía que ser otra cosa. 
La mitad de mi vida, ni más ni menos que la mitad de mi vida, había girado exclusivamente en torno a Pablo. Nunca había amado a nadie más. 
Eso me asustaba. Mi limitación me asustaba. 
Me sentía como si todos mis movimientos, desde que saltaba de la cama cada mañana hasta que me zambullía en ella nuevamente por la noche, hubieran sido previamente concebidos por él. 
Eso me abrumaba. Su seguridad me abrumaba. 
Entonces me convencí de que jamás crecería mientras siguiera a su lado, y cumpliría treinta y cinco, y luego cuarenta, y luego cuarenta y cinco, cincuenta y cinco, y hasta sesenta y seis, la edad de mi madre, y no habría llegado a crecer nunca, sería una niña eternamente, pero no una hermosa niña de doce años, como cuando vivíamos en aquella casa falsa, enorme y vacía, en la que no transcurría el tiempo, sino un pobre monstruo de sesenta y seis años, sumido en la maldición de una infancia infinita. 
La autocompasión es una droga dura. 
Por eso me fui. Pero nunca había podido olvidar que antes, por lo menos, era feliz..."


Fragmento del libro "Las edades de Lulú", de Almudena Grandes.

domingo, 15 de junio de 2014

XLI

"...Él es la razón de mi vida, pensé. Era un pensamiento viejo ya, trillado, formulado cientos de veces en su ausencia, rechazado violentamente en los últimos tiempos, por pobre, por mezquino y por patético, existían tantas grandes causas en el Mundo, todavía, pero entonces, mientras me besaba y me mecía en sus brazos, era solamente la verdad, la verdad pura y simple, él era la única razón de mi vida..."

Fragmento del libro "Las edades de Lulú", de Almudena Grandes.