"-Sí, pero, ¿qué me dice de los bomberos?-Ah. -Beatty se inclinó hacia adelante entre la débil neblina
producida por su pipa-. ¿Qué es más fácil de explicar y más lógico? Cómo las
universidades producían más corredores, saltadores, boxeadores, aviadores y
nadadores, en vez de profesores, críticos, sabios y creadores, la palabra
"intelectual", claro está, se convirtió en el insulto que merecía
ser. Siempre se teme a lo desconocido. Sin duda, te acordarás del muchacho de
tu clase que era excepcionalmente "inteligente", que recitaba la mayoría
de las lecciones y daba las respuestas, en tanto que los demás permanecían como
muñecos de barro, y le detestaban. ¿Y no era ese muchacho inteligente al que
escogían para pegar y atormentar después de las horas de clase? Desde luego que
sí. Hemos de ser todos iguales. No todos nacimos libres e iguales, como dice la
Constitución, sino todos hechos iguales.
Cada hombre, la imagen de cualquier otro. Entonces, todos son felices, porque
no pueden establecerse diferencias ni comparaciones desfavorables. ¡Ea! Un
libro es un arma cargada en la casa de al lado. Quémalo. Quita el proyectil del
arma. Domina la mente del hombre. ¿Quién sabe cuál podría ser el objetivo del
hombre que leyese mucho? ¿Yo? No lo resistiría ni un minuto. Y así, cuando, por
último, las casas fueron totalmente inmunizadas contra el fuego, en el Mundo
entero (la otra noche tenías razón en tus conjeturas) ya no hubo necesidad de
bomberos para el antiguo trabajo. Se les dio una nueva misión, como custodios
de nuestra tranquilidad de espíritu, de nuestro pequeño, comprensible y justo
temor de ser inferiores. Censores oficiales, jueces y ejecutores. Eso eres tú
Montag. Y eso soy yo."
Fragmento extraído del libro Farenheit 451, de Ray
Bradbury