Del otro lado de la reja está la realidad, de
este lado de la reja también está
la realidad; la única irreal
es la reja; la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos, al
mundo de los muertos, al mundo de las
fantasías o al mundo de la vigilia, al de la explotación o de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en
la noche, en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados en
el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía
cualquiera
son parte de la memoria, no suponen necesariamente el presente, pero pertenecen a la
realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia
del miedo, ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo que marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a defenderse, a rescatar lo suyo, su
realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición, es
simplemente una reja que no pertenece a la realidad.
(Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973).
Francisco Urondo
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sábado, 25 de marzo de 2017
La verdad es la única realidad
lunes, 17 de junio de 2013
Peppermint
no cantan
los que nunca conocieron una esperanza
dicen que la esperanza no aparece
y que algo se derrumba
dicen que se desliza la vida
por la pendiente donde comienza
que está en un declive
que se desploma por naturaleza
que la vida no es vida
no escuchan las risas que empujan al amanecer
ni el canto último del ebrio extenuado
que se aleja
abandonando la noche con indecisión
saben que caer es difícil
que después de los brindis
vienen los sueños y los presagios
que es penoso tranquilizar el corazón alegre
y el abandonado
nadie se atreve a cantar
junto al endurecido silencio
sin promesas.
Francisco Urondo
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